Enfrentar un dolor persistente en la articulación puede ser frustrante, especialmente cuando los tratamientos iniciales no dan el resultado esperado. En esta consulta médica, el Dr. Alejandro Badia evalúa a una paciente (escritora de profesión) a quien operó exitosamente del manguito rotador izquierdo hace más de una década. Hoy, el desafío se presenta en su hombro derecho, demostrando que cada lesión requiere un enfoque único.
Tras una infiltración en el bíceps hace dos semanas que no logró aliviar completamente las molestias, el plan médico debe adaptarse. En esta ocasión, el Dr. Badia aplica una inyección de lidocaína y cortisona directamente en la bursa para combatir la inflamación (bursitis). La paciente, que se había mentalizado para sentir dolor durante el procedimiento, se sorprende gratamente al confirmar que la inyección fue prácticamente indolora y le brindó alivio inmediato en su rango de movimiento.
El objetivo principal de usar cortisona —un medicamento que el doctor recalca no debe administrarse con demasiada frecuencia— es reducir el dolor lo suficiente como para permitir que la paciente realice su terapia física. Apoyado por las imágenes de la resonancia magnética (MRI), el diagnóstico indica que este problema no requerirá cirugía. Este caso demuestra cómo combinar herramientas de diagnóstico precisas con el tratamiento conservador adecuado ayuda a los pacientes a retomar su vida y sus pasiones sin pasar por el quirófano.
















